Especialista conversó con Expreso y advirtió que la ciudad capital es una bomba de tiempo debido a la alta informalidad de sus construcciones. A ello se suma la amenaza de El Niño.
Lamentablemente, Lima sigue siendo una ciudad altamente vulnerable frente a un terremoto de gran magnitud, principalmente porque una parte importante de sus construcciones es informal. Esta informalidad se expresa, sobre todo, en tres factores fundamentales. El primero es que muchas viviendas están ubicadas en terrenos inadecuados, como suelos arenosos o laderas, donde las condiciones del terreno incrementan el riesgo ante un movimiento sísmico. El segundo problema es la forma en que se construyen estas viviendas. En muchos casos, las obras son ejecutadas por constructores empíricos, maestros de obra o albañiles, sin la participación de profesionales calificados para el diseño y la supervisión. A ello se suma la baja calidad de los materiales o su utilización inadecuada. Entonces, el gran problema de Lima es que todavía alrededor del 67 % de las viviendas se construyen en lugares inadecuados, sin tecnologías apropiadas, con personal no calificado para el diseño y la supervisión de las obras, y utilizando materiales de baja calidad o de manera incorrecta. Esa combinación de factores constituye uno de los principales riesgos que enfrenta la capital.
En cuanto a los edificios, ¿son seguros?
En el caso de los edificios formales, es decir, aquellos que se construyen con licencia, a través de empresas responsables, con profesionales a cargo y cumpliendo las normas sismorresistentes, el nivel de seguridad es considerablemente mayor. El principal problema de Lima está, más bien, en la informalidad de las construcciones. Existe un cálculo realizado después del terremoto de Pisco que estimaba que, ante la eventualidad de un sismo de magnitud 8, alrededor de medio millón de viviendas podrían resultar gravemente afectadas en Lima. Aproximadamente la mitad podría colapsar durante el sismo, mientras que la otra mitad quedaría inhabitable y tendría que ser demolida posteriormente. Esa es una de las principales dificultades que enfrenta la capital. En el caso de Venezuela, además, se produjo un doble sismo, algo poco frecuente y que genera un mayor nivel de impacto. Sin embargo, también existen informes periodísticos y técnicos que advierten sobre proyectos de vivienda social construidos sin cumplir adecuadamente las normas correspondientes.
Entonces, si los edificios formales ofrecen mayores garantías, ¿Lima podría enfrentar, por el alto nivel de construcción informal, un escenario similar o incluso peor al de Venezuela ante un terremoto de gran magnitud?
En el caso de Venezuela, que tiene menores niveles de informalidad, lo que ha fallado principalmente son edificios pertenecientes a programas de vivienda social que, evidentemente, fueron mal ejecutados. Allí también habría existido un problema de corrupción, porque se trataba de proyectos encargados por el Estado. En el Perú, la situación es distinta. El Estado cumple principalmente un rol promotor y es el sector privado el que desarrolla los proyectos bajo determinadas condiciones técnicas y financieras que, de alguna manera, generan mayores niveles de seguridad. Un banco o un fondo de inversión no va a financiar un proyecto inmobiliario si el promotor no le genera confianza. Uno de los aspectos que se evalúan antes de otorgar financiamiento es precisamente quiénes son los profesionales responsables del diseño y de la ejecución del proyecto.





